Si los edificios hablarán de la revolución


Una de las cosas más representativas de nuestro país, seguidito de la comida es nuestra historia. Tenemos de todo, prehispánica, colonial, independentista y la no tan lejana época revolucionaria.

Inspirados en esta última, ya nos pusimos –en nuestras mentes claro- carrilleras de balas sobre el pecho y nos preguntamos ¿qué nos dirían los edificios que estaban durante la revolución y que aún están de pie si pudieran hablar?.

En Puebla, la casa de los hermanos Serdán te podría contar cómo se vivieron los días previos al inicio de la Revolución. Te mostraría sus paredes llenas de balas a consecuencia del intento de la policía y el gobierno por censurar a la familia Serdán que apoyaba el movimiento.

En CDMX, Bellas Artes en su reconocido esplendor te diría que no fueron buenos días porque por esta lucha la obra fue suspendida y tuvo que esperar hasta 1934 para impactar a todos con su belleza. Un edificio más antiguo en esta ciudad, la Biblioteca de México, te contaría que fue centro de operaciones que acabó con el gobierno de Madero, escenario de la Decena Trágica y de un par de traiciones, asesinatos y torturas de las cuales mejor no te daría detalles.

El Palacio de Lecumberri añadiría que fue a él a quien le tocó escuchar los balazos que pondrían fin a las vidas de Francisco I. Madero y su vicepresidente. Y hablando de traiciones, la Hacienda de Chinameca en Morelos, te podría contar como el Emiliano Zapata fue traicionado y asesinado cerca de sus muros.

Sobre edificios que vivieron de todo un poco, podrías aprender mucho del Museo de la Revolución en la Frontera en Ciudad Juárez, quien nos diría que está feliz de ser un tranquilo museo después de haber sido testigo de todo: desde Porfirio Díaz, luego sede del gobierno provisional de Madero, posteriormente cuartel general de Villa y por último oficina del gobierno revolucionario de Carranza.

El otro que hoy goza de una amable jubilación tras la revolución es el Fuerte de San Juan de Ulúa en Veracruz. Durante estos días, vivió un intento de invasión por parte de estadounidenses enojados con Huerta, que no pasó a mayores porque en noviembre de ese año se fueron. Fue también sede por unos días del gobierno y una vez concluida la lucha, Carranza decreta que San Juan dejaría de ser una cárcel. ¿Después de resistir una invasión, fue un premio justo, no?.

Entre alianzas, derrotas, engaños y victorias los chismes que los edificios nos podrían contar son interminables y es parte de la magia de nuestro México, un país que es un gran coleccionista de recuerdos.