Las calacas flacas y los vivos gordos… ¡llegó el pan de Muerto!


El Día de Muertos trae consigo una de las piezas más queridas de México el pan de muerto que no puede faltar en las ofrendas, pero tampoco en nuestro plato cuando llegamos a esta temporada del año.

La historia de este pequeño manjar se puede resumir en fusión y mezcla. Más que referirnos a los ingredientes, fue el resultado de mezclar dos mundos. Cuando los españoles llegaron, se escandalizaron por más de una de las costumbres de los pueblos originarios en México y durante uno de estos escándalos el pan de muerto nació.

Los mexicanos originarios tenían la costumbre de sacrificar a una doncella y comer su corazón bañado en amaranto caliente en honor a los dioses, los españoles (muy escandalizados y consternados) les “catafixiaron” este ritual por un pan de trigo en forma de corazón bañado en azúcar pintada de rojo.

Algo que seguro resultó mejor para las doncellas de la época y hoy es algo que agradecemos mucho los amantes del pan. A pesar de que estos fueron los inicios del Pan de Muerto, hoy lo conocemos con un círculo en el centro que simboliza el cráneo del difunto y las tiras realzadas representan los huesos que nos conforman.

Se acostumbra más comer este pan en el centro y sur de México, particularmente Oaxaca se corona como el estado que ofrece más variedad de formas, hay panes de muerto en forma de flores, corazones, caballos, burros, conejos, tortugas y cocodrilos. Y ya ni hablemos de los rellenos que en estos días los rellenos experimentales están a la orden del día, el relleno de chocolate es de lo más común que podríamos encontrar.

Y tú ¿ya comiste tu corazón de doncella sacrificada? Digo, ¿tu Pan de Muerto?.